Entrevistas y apariciones de María Quiñelén en medios de comunicación.
Quiñelén significa único. Esta mujer dedicada a la medicina mapuche honra día a día el significado de su linaje, al ser una de las pocas parteras tradicionales que ejercen el oficio en Chile legalmente.
María Quiñelén comenzó a ser educada como mujer medicina a los 7 años por su abuela en Quilaco Bajo, en Nueva Imperial. Perteneciente a un linaje de sanadoras de ocho generaciones, fue aprendiendo las hierbas medicinales como quien conoce a otro ser vivo y a hablar en sueños con ellas. Hoy trabaja en su concurrida consulta en el barrio París-Londres del centro de Santiago y cumple más de 50 años como lawentuchefe, o experta en las propiedades de las plantas medicinales, y partera o püñeñelchefe, acompañando a más de 1.201 mujeres en partos naturales y domiciliarios.
"Mi iniciación comenzó con el despertar de un sueño. Fui por siete años una persona, no sabía si era mujer u hombre porque era un niño, un pichiche, hasta que un día mi padre llegó con un espejo y me pasó mis ropas femeninas. De ahí en adelante comenzó mi entrenamiento como mujer, una preparación para la vida. Ahí aprendí la experticia de mi abuela, qué eran la partería y la medicina de la mujer. Esa educación comenzó cuando desperté de ese sueño, el sueño de ser niño. Tenía una misión y se habían acabado los siete años de juego y niñez para comenzar a entrenarme en el conocimiento de las plantas medicinales. El entrenamiento fue con las mujeres de la familia. La formación se produjo primero a través de sueños. Si el sueño, si el espíritu no lo dice, no te dice a qué vienes, si no se decodifica, tú no sabes cuál es tu misión de vida en tu comunidad."
"Antes de tocar a una mujer o a un bebé acompañé por muchos años a mi abuela. Fui primero su bitácora, su ayudante, su asistente por 13 años; la observadora que tenía que memorizar todo lo que ella dijera. Tenía que relatarle todos los detalles, cuántos nudos le hizo al cordón umbilical o cómo era la placenta para contarle a la madre su significado; todo lo tenía que guardar en mi mente."
Por un reconocimiento estatal del Ministerio de Salud, esta sanadora mapuche es una de las pocas parteras tradicionales que ejercen el oficio en Chile legalmente.
"Es un reconocimiento que mi pueblo se ha ganado y el Ministerio de Salud lo ha entendido. He trabajado en todos los consultorios de Estación Central, Cerrillos, Maipú y Santiago Centro. Es por eso que hoy hay en ellos una interrelación de conocimientos, aprendizajes y saberes para sensibilizar a los funcionarios de la salud para que amplíen sus formas de pensar y apliquen criterios más amplios para sensibilizar el trato de la paciente gestante y el paciente indígena. Pero ese saber no es mío, pertenece a mi pueblo. Hoy represento a mi pueblo nación."
"No hay territorio más históricamente dominado por la mujer que su útero, es el primer territorio de lucha. He creado escuelas para establecer un diálogo entre mujeres indígenas y recuperar el sentido y la responsabilidad de ser mujer. Son escuelas de recuperación de saberes femeninos que se les han negado en el sistema educacional convencional occidental. La mujer tampoco es tema de estudio en las universidades porque solo se estudian íconos masculinos. Nosotras tenemos el conocimiento de la vida y también de la muerte. Nosotras gestamos y parimos. Somos un territorio de fortaleza, reconstrucción y consecuencia. El territorio uterino es el espacio donde llegan los hijos y nosotras tomamos decisiones sobre él. Nosotras decidimos."
"Hay partes del cerebro que se activan solo en el momento del parto. El dolor genera un éxtasis, otro tipo de percepción donde la madre activa todos los sentidos como una leona para defender la vida de su hija o hijo. El dolor no debe entenderlo como sufrimiento sino como una potencia que va a imprimir en su hijo. Lo ideal de un parto es que el niño nazca en su casa. La madre tiene que tener confianza en su cuerpo y conocimiento sobre él. La mujer necesita esa autoridad desde el primer momento en que es madre para ser la conductora de la vida de su hijo."
"Doy un certificado para que clínicas y hospitales entreguen las placentas y el cordón a las madres. Ha sido una lucha de 50 años que hemos ganado. La placenta es todo un misterio. Solo algunas mujeres indígenas expertas podemos leerla, leer las señales y decírselas a la madre. Se revisa para saber cómo nació el niño. No se debe tocar a menos que sea estrictamente necesario y debe ser enterrada íntegra."
"El cordón umbilical es un patrimonio, en él está toda nuestra información genética, de células madre y sistema inmunológico. Nos pertenece a cada uno, nosotros los generamos después del tercer mes y lo anclamos a la madre en el sexto mes, y así nos combinamos."
"Nosotras sabemos que somos una nación, nuestros úteros son mapuche. Hemos pasado grandes crisis y durante la dictadura militar se esterilizó a muchas mujeres mapuche. Por eso la mujer mapuche perdió la confianza en los hospitales y en toda institución occidental. Nosotras sabemos que somos dos pueblos diferentes y que el invasor siempre será invasor."
Conversación con Una Nueva Mañana de Radio Cooperativa sobre parto natural y salud femenina mapuche.
María Quiñelén conversó con Una Nueva Mañana sobre la importancia del parto normal y su trabajo como partera. Comenzó a asistir a embarazadas durante el parto porque “la idea es recuperar un territorio que ha sido muy dominado como todos los territorios donde se han impuesto ideas y filosofías”.
“El territorio más invadido de la mujer es el útero, la salud femenina, la mujer gestante. Una mujer para parir es una paciente sana, no es enferma.”
“Conducir la tranquilidad de la mujer para que vaya conociendo su cuerpo, su proceso, qué está pasando con ella, qué está pasando con su cerebro, qué está pasando con su vientre, con su útero, qué está pasando y qué va a pasar después. Es recuperar la autoridad de una parte vital de la vida.”
Retrato de María Quiñelén publicado en el diario El Mundo de España. Una de las primeras apariciones de su trabajo en prensa internacional.
A los 9 años, María tuvo un sueño que le marcó la vida. Su abuela, que la crió desde la infancia junto con todas las demás mujeres mapuches de la comunidad de Quilaco Bajo, al sur de Chile, le explicó su significado: el espíritu la había escogido para ser la lawentuchefe de su pueblo, la médica de los mapuches.
Perteneciente a una larga saga de mujeres lawentuchefes, María Quiñelén siempre ha llevado en la sangre el interés por la sanación. Desde pequeña ayudaba a su abuela a recoger hierbas, plantas y raíces para elaborar remedios naturales.
"Me enseñaba el nombre de todas las hierbas medicinales, su ubicación, su tiempo de reproducción, a identificar las tierras húmedas, las calientes, etc. ¡Yo no era buena para tejer, ni para moler, no era buena para nada más que no fuera la medicina!"
Tras sus estudios en Santiago, se trasladó a Temuco para aprender de Armando Marileo, un sabio que hasta hoy es su maestro. Él la ayudó a encontrar su nombre mapuche: "la hija de la diosa que canta en las aguas". Con sus enseñanzas y la revelación de sus sueños, María se profesionalizó a los 21 años.
"Los tratamientos con la naturaleza no tienen contraindicaciones, la naturaleza ayuda a despertar las defensas del cuerpo y no tiene efectos colaterales, los residuos o excesos se eliminan por la orina."
"¡Soy una experta en el diagnóstico, mi abuela nunca necesitó un escáner!"
La fama de María se ha extendido de tal modo que médicos convencionales le mandan pacientes que no pueden diagnosticar. El intercambio es recíproco: ella también busca su punto de vista cuando lo necesita. "Me confirman una anemia, una enfermedad de transmisión sexual, un cáncer… yo no estoy en contra del avance y de las nuevas tecnologías, al contrario, todo lo que sirva para salvar vidas, ¡está bien!"
"La mujer ha perdido el conocimiento de su cuerpo. Ha entregado el poder a un doctor, que yo llamo '¡Diostor'! Él tiene el conocimiento, y ella se calla y acepta. Le recomienda sobre sus primeras reglas, sus anticonceptivos, sobre su gestación, sobre su parto… las mujeres están presas de la medicina occidental y no se dan cuenta de ello."
"Para nosotros los indígenas, el útero es el primer cielo, es donde el hombre siembra las nuevas generaciones, y por eso hay que cuidarlo, educarlo y potenciarlo. Una mujer sin útero se va a masculinizar. No por dejar de tener hijos hay que quitarlo, porque no hay ningún órgano de más, y el útero está conectado energéticamente a otras glándulas."
"Ser mujer no es sólo una cuestión de género, es una dimensión de vida, y eso se construye, no se aprende en la escuela."
"Mi trabajo es la liberación de la mujer con conocimiento, y desde su sexualidad para la toma de decisiones. Una mujer que es ignorante de su cuerpo, es ignorante como madre, porque no se hace cargo."
Jornadas académicas de la Universidad Mayor convocaron el debate sobre el parto domiciliario en Chile.
María Quiñelén participó en jornadas académicas de la Universidad Mayor en Temuco centradas en el parto domiciliario como alternativa al parto hospitalario. La lawentuchefe y püñeñelchefe aportó la perspectiva de la partería mapuche en un espacio de diálogo entre la medicina occidental y el conocimiento ancestral.
Con más de 1.201 partos acompañados a lo largo de 50 años, Quiñelén es una de las pocas parteras tradicionales que ejerce legalmente en Chile, con reconocimiento del Ministerio de Salud. Su presencia en el ámbito académico refleja el creciente interés institucional por integrar los saberes indígenas al sistema de salud intercultural.