Guardiana de la sabiduría ancestral de la herbolaria, la sanación y la medicina mapuche. Más de cuatro décadas acompañando cuerpos, territorios y pueblos.
© Cristian Palazzolo
María Herminia Quiñelén Martínez nació en Santiago de Chile, pero se crió en Temuco, a 760 kilómetros de la capital —nueve horas de camino. Fue allí, en territorio, donde comenzó todo. En Quilaco Bajo, Nueva Imperial, junto a su abuela, aprendió desde los siete años lo que ella llama el alfabeto verde de la tierra: el lenguaje de las plantas, los ciclos, la familia que forma la medicina.
"Aprendí desde muy pequeña el valor de la vida y que todo en la tierra era medicina. Solamente había que saber qué ocupar, cuándo y para quién. Todo tenía su tiempo, igual que los seres humanos, las plantas nacen, crecen, tienen hijos, semillan y mueren. Todos tenían familia, eran comunidades de medicina, por lo tanto, había que respetarlas mucho." — Radio Savia, T1E3, Salvador de Bahía, 2019
A los dieciséis años se hizo partera y no ha parado desde entonces. Su formación no fue académica: fue territorial, oral, encarnada. Pertenece a un kvpan —un linaje— de ocho generaciones de sanadoras, lo que para ella no es credencial sino responsabilidad.
María Quiñelén es una de las pocas parteras tradicionales que ejerce legalmente en Chile, con reconocimiento del Ministerio de Salud. Ha acompañado a más de 730 mujeres en partos naturales a lo largo de cuatro décadas, trabajando desde la cosmovisión mapuche: el nacimiento como acto territorial, espiritual y político.
"Me hice partera a los 16 años y no he parado. Tengo más de 730 partos que han pasado por mi experiencia, acompañando mujeres, ayudándoles a descubrir, a develar su propia realidad." — Radio Savia, T1E3, 2019
Su práctica integra el lawentun —la medicina mapuche con plantas—, la partería tradicional, los círculos de saberes femeninos y la educación de mujeres sobre sus propios cuerpos. Para María, el cuerpo femenino es un territorio en sí mismo, con leyes, ciclos y lenguajes propios que el sistema occidental ha buscado sistemáticamente neutralizar.
Desde muy joven acompañó también comunidades en zonas de conflicto territorial en La Araucanía: comunidades allanadas, escuelas inundadas de lacrimógenas, mujeres solas mientras sus hombres estaban presos. Llevaba desde Santiago la amistad —su "mayor arma"— y apoyo concreto a quienes por defender el territorio no podían salir a trabajar.
"Pero nosotros nunca hemos soltado la lucha. Llevamos 527 años de lucha, nunca hemos bajado la guardia, siempre estamos luchando por nuestros derechos, cada ley que hemos logrado nos ha costado vidas humanas." — Radio Savia, T1E3, 2019
El pensamiento de María Quiñelén parte de una premisa que recorre toda su obra: la cultura no es algo subjetivo, no es un pensamiento. La tierra es acción. La cultura se hace en el territorio, o no se hace.
"Nada ocurre si no es en el territorio. Si no hay territorio no hay cultura. La tierra es acción. La tierra es siembra. La tierra es comunidad." — Radio Savia, T1E3, 2019
Sobre la identidad indígena, sostiene que los pueblos originarios no hacen adolescencia —esa crisis de no saber quién eres— porque la identidad se construye desde la primera infancia: en el territorio donde naciste, en el linaje que te precede, en el trabajo que se deriva de ser quien eres.
"Todos los pueblos indígenas de América tienen una identidad temprana, por lo tanto, no hacen adolescencia. En el pueblo mapuche el que no tiene profesión, tiene identidad, y en la identidad tiene trabajo." — Radio Savia, T1E3, 2019
Respecto al feminismo occidental, su postura es precisa: las mujeres indígenas son feministas antes de que existiera el concepto, porque su cultura lleva siglos en la diferencia radical entre géneros, sin jerarquía sino con complemento. No quiere las mismas leyes. Quiere sus propios derechos.
"¿Qué mejor lucha que tener identidad? ¿Qué mejor lucha que conocer la medicina sin recurrir a la farmacia occidental? ¿Qué mejor lucha es saber ser? Es la gran diferencia, lo demás lo hace cualquiera." — Radio Savia, T1E3, 2019 · ¡Marichi Wew! — diez veces vencedores
En 2021, María Quiñelén fue invitada por La Casa Encendida de Madrid y Studio Vegetalista para una conversación profunda sobre las plantas medicinales, la cosmovisión mapuche y la relación entre la medicina ancestral y el arte. Lo que sigue es una selección de sus palabras de esa conversación.
"Soy mapuche, igual que toda mi familia, mis cuatro abuelos son mapuche, he trabajado toda mi vida en la medicina mapuche, en el conocimiento de las plantas medicinales, en el conocimiento propio de las mujeres, en el arte de parir."
Su punto de partida es radical: somos seres orgánicos en un territorio orgánico. De ese reconocimiento se deriva todo lo demás.
"Somos seres orgánicos, en un territorio orgánico, entonces, tenemos que tener conciencia de eso para poder proteger, defender y amar a la tierra."
El conocimiento no llegó por estudio formal sino por sueños, desde la infancia. La vocación de sanadora no se elige —se reconoce.
"Todo ese entendimiento se ha debido a tal como partió mi vida, con sueños, desde mi niñez, yo de hecho creo que he tenido siempre el mismo sueño toda mi vida: yo voy a un bosque o a un campo, y las plantas me hablan."
"Todos nosotros, ocupamos solamente un eslabón dentro de esta cadena de seres vivos y somos el que más se impone en el territorio y en la naturaleza y eso nos lleva a un punto de fracaso."
Sobre la purificación como práctica —no solo del cuerpo sino del lenguaje y del pensamiento:
"Tenemos que empezar por purificar la sangre, por purificar nuestro cuerpo, por purificar nuestro lenguaje, no decolonizar solamente el pensamiento, también el lenguaje, y después va a venir la transformación."
En la cosmovisión mapuche, la Madre Tierra se manifiesta sexualmente a través de las plantas medicinales. Los ciclos de floración no son datos botánicos —son un lenguaje sobre la energía que el territorio ofrece en cada momento.
"La Madre Tierra se manifiesta sexualmente a través de las plantas y hierbas medicinales. Para nosotros en este hemisferio, en primavera, la mayor manifestación sexual, de floración, son las flores amarillas y rosadas. En verano son las rojas, naranjas. En otoño son las azules, las moradas. En invierno también, aunque ahí casi todas las flores son azules, moradas. Otros colores para resistir el frío, porque el invierno es una gran medicina."
"El estudio de las plantas y hierbas medicinales comienza con un punto siempre, y es muy hermoso, porque tal como la semilla cae al suelo y sueña con ser árbol, con ser flor, con ser fruto, así comenzamos nosotros también. Ese punto de inicio, ese punto de voluntad de estar, es lo más maravilloso."
Las plantas no intentan ser otra cosa que lo que son. En eso está su sabiduría y su enseñanza central:
"Todos representamos la voluntad verdadera y genuina de donde provenimos. Las plantas, los árboles, la medicina no intentan ser otra cosa que lo que son, no gastan su energía en aparentar, sino que están presentes en lo que tienen que hacer."
Para María, lo femenino y lo masculino no son géneros —son principios cósmicos que coexisten en todo ser vivo.
"Yo contengo todo el sagrado masculino en el centro de mi corazón, como el hombre contiene sagrado femenino en el centro de su corazón."
"La mujer es la materia que lo reproduce. Para nosotros, en el mundo mapuche, en la cosmovisión mapuche, el hombre es un fragmento de energía femenina que fue parido por la Tierra, por la Madre."
"El arte es medicina, la medicina es arte, si conociéramos los movimientos de afinaciones, las multiformas, los tiempos, los ritmos que tienen las plantas y las flores, podríamos conocer la multiplicidad de medicamentos para todas las afecciones del cuerpo."
"Por eso he de decirles, siempre necesitamos un punto de manifestación, y ese punto en el ser humano es el pulso, ¡Es el pulso! Porque en el pulso están las mareas, los mares, los ríos, los tiempos, todo está en el pulso."
"Recuerden, la medicina y el arte van juntos. Están unidas, en la naturaleza y arte. Cuando hablamos de la placenta, por ejemplo, cuando el bebé está dentro del útero de su mamá, él vive en el más puro de los estados artísticos."
Transcripción de la conversación Matrix Vegetal, La Casa Encendida · Studio Vegetalista, Madrid, 2021. Con agradecimientos a Bárbara Valdovinos y The Wellcome Collection.
Cuando llegó a las maternidades chilenas, descubrió que las placentas se guardaban en tambores con hielo y se vendían a la industria cosmética y farmacéutica mientras las madres nunca las veían. Luchó durante años para cambiar eso. Lo que comenzó como una demanda del pueblo mapuche hoy es política para todas las mujeres que paren en Chile: los hospitales entregan la placenta a cada madre que la solicita.
María Quiñelén ha presentado su conocimiento y práctica en al menos doce países y tres continentes, llevando la cosmovisión mapuche a espacios académicos, culturales y políticos. En 2024 fue mediadora intercultural del proyecto FONIS SA24I0135 (ANID / Ministerio de Salud), liderado por el Instituto de Bioética de la Universidad Finis Terrae.
En 2024 fue incluida en material de lectura curricular del Hospital de Coquimbo, en la sección "Medicina, cultura y cosmovisión mapuche en la salud de la mujer".